Flores en el barro sucio

Cuando solo habían pasado 45 minutos del partido más emocionante del fútbol español de todos los tiempos, el autor de Si te dicen que caí, Juan Marsé, sentado ante el televisor en su casa de la playa, en Calafell, no las tenía todas consigo. "Mala suerte, juego bronco. Así no se puede". En Madrid, indignado con el barro sucio de los holandeses, el pintor Eduardo Arroyo veía nubarrones derivados del carácter "bronco, destructivo" de los contrarios. "Obligan", dijo, "a luchar por cada balón con artes distintas a aquellas a las que enseñan a jugar al fútbol".

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